~Dinero~

Ayer, en una noche en la que la imaginación se hizo con nuestros cuerpos, deliramos sobre lo que haríamos si nos tocase la lotería, eso que tanta gente ansia estos días.
Mi madre contrataría a un montón de gente que hiciese todas las cosas de la casa, saldaría las cuentas pendientes y viajaría el resto de su vida.
Mi padre crearía una fábrica. Invertiría en personal, maquinaria y aumentaría su dinero.
Mi hermano se compraría todos los juguetes habidos y por haber. Llenaría su cuarto con quads, monopolys, pelotas y zapatos de fútbol sin tacos, como el dice.
Mi novio ayudaría a la economía de sus familiares más cercanos, terminaría de pagar la casa en la que está viviendo y, por supuesto, se compraría un Ferrari.

¿Qué haría yo?
Suponiendo que tuviese veinte o treinta años, me compraría un estudio pequeño.
Como característica fundamental tiene que ser luminoso, con un dormitorio principal que tuviese un armario gigante, de esos que se abren con dos puertas y hay miles y miles de perchas, estanterías y zapateros. Tiene que tener las paredes blancas y un balcón como sale en las películas, de esos con dos puertas que se abren hacia dentro. Lo adornaría con muebles del Ikea, con fotos gigantes de los lugares más recónditos del mundo, con sofás rosas pastel y alfombras de colores claros.
Luego, me recorrería la ciudad, a la que he ido pocas veces, y que en la que sin embargo, he visto mucha pobreza en las calles. A toda la gente que estuviese pidiendo, daría un billete de cincuenta euros.
Tras una temporada aquí, trabajando, buscando trabajo o estudiando, me iría a Nueva York. Es una oportunidad que no puedo omitir de mi futuro.
Luego, volvería a España y seguiría con mi vida, mi pareja, mi pequeño estudio y con mis hijos, si dios quiere.
Por último, al jubilarme, me compraría una casa en la costa, y otra en el interior, e iría de una a otra las veces que quisiera.

Soñando soñando, pensé para mis adentros.
¿Me hace falta todo esto? ¿Todo eso que estoy creando? ¿Todo lo que estoy pensando e imaginando?
No.
Me respondí a mi misma.
Claro que no me hace falta.
Me mueve la codicia, las ganas de consumir, de comprar ropa, casas... De viajar a las grandes ciudades del consumo, de malgastar mi dinero.
¿Para que? ¿Por que? ¿Que ganaría yo con todo eso?
Nada.
Mi calidad de vida seguiría siendo la misma. Mis sueños, mis ganas de vivir.
Es más, si me tocase la lotería me arruinaría la vida. Dejaría de estudiar por conseguir un trabajo con el que mantenerme. Dejaría de ser como soy, de pensar en los demás y en ajustarme el cinturón. Dejaría de valorar cada céntimo que pasa por mis manos, y por supuesto, dejaría de ahorrar y me convertiría en una derrochadora.
¿Conclusión?
El dinero me arruinaría la vida.

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Poesía entrópica