~Caída, dulce caída~

Y vuelta a caer.
Caes, caes, caes y sigues cayendo. Sin nadie que te frene, que te coja, que agarre, que te sujete la muñeca... nadie.
Pero no por que la gente no esté ahí tendiéndote las cuerdas y las sogas para sujetarte, si no por que es imposible. Las cuerdas se rompen, las sogas se deshilan, las manos se resbalan...
Sigues cayendo, sigues cayendo, sigues cayendo, sola, por que nadie puede ayudarte, por que nadie puede entender lo que piensas, lo que sucede en tu mente. Nadie.
Y entonces, cuando terminas. Cuando te estrellas contra el suelo, cuando sientes el dolor, cuando las lágrimas ruedan por tus mejillas, cuando te sangran las heridas, cuando te escuece el dolor... Cuando eso pasa, entonces levantas la cabeza y miras allí, al final, por donde empezaste, aquel círculo de luz blanca, aquel que te impulsó todo.
Empiezas a subir.
Subes con dificultad, tropezando y retrocediendo unos metros, pero luego, sigues andando y avanzas miles más.
Llegas al cielo, donde empezaste.
Pero un pequeño empuje del viento, te desestabiliza.
Y de nuevo, te precipitas al vacío.
Y vuelta a caer.

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Poesía entrópica