~Batallas cotidianas~

He encontrado un bar en la esquina de una bocacalle. Tiene las paredes lisas y de color crema, cinco mesas muy pegadas entre sí. y una bancada acolchada, con el respaldo abotonado y de cuero, color café.
Un pequeño árbol de navidad iluminado con minúsculas lucecitas blancas reposa en el alféizar de la ventana y mira, curiosamente, a la gente pasar por las calles, con las manos en los bolsillos y el vaho saliendo de sus labios.
Es un día de frío. Nos frotamos las manos desnudas y buscamos el calor de una casa, de una persona, o de las palabras exactas que aceleren el corazón.
Un pareja anciana entra en el local y no puedo dejar de mirarles.
Él viste de gabardina marrón, una boina de color gris oscuro y unas gafas de cristales oscuros y ella, una mujer de pelo blanco y parecida edad lo sostiene, luciendo un abrigo oscuro y unos pendientes brillantes. Apenas la veo pues se esconde sin querer entre los cuerpos de la gente.
Les traen dos cafés.
Ella se levanta, se lo tiende, y entre los dos luchan una de las pequeñas batallas cotidianas contra el parquinson. 
Ella, tras ganar esa batalla se sienta de nuevo.
Él cierra los ojos. No consigo descifrar en su rostro si es por el dolor, el cansancio o el placer.
Los miro y miles de sensaciones me inundan. Vienen a mi mente recuerdos que no me pertenecen, que se apoderan de mi y me obligan a bajar la mirada hasta la espuma de la leche.
Mi vaso, adornado con dos terrones de azúcar y una galleta envuelta en un paquetito amarillo me sostiene la vista mientras miles de imágenes pasan rápidamente.

Unos jóvenes desconocidos, que de repente, se enamoran locamente...
Se escapan...
Se alejan de todo y de todos...
Juntos empiezan algo nuevo, una familia a partir de la nada.
Pasan los años y la vida los envejece, el tiempo los consume.
Y acaban allí, entre las paredes de un bar, pasando los últimos años de sus vidas.

Abro los ojos y los veo
Se sonríen.
Salgo de allí con la sonrisa en los labios y las lágrimas en los ojos.
Y reflexiono...
Qué fácil me parece mi vida a su lado...
Qué frágil mi corazón..
Y que débil el amor...

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Poesía entrópica