~Galicia~

No hay palabras que le hagan justicia. Ni palabras, ni letras, ni una descripción, ni una foto tomada de frente.
Voy  a intentar hacer justicia a aquella visión, esa imagen que ha quedado grabada en mi retina, ese olor que he guardado en el fondo de mi mete, esa sensación en el rostro, en la piel, en el cuerpo.
Albert Espinosa, en uno de sus libros dice:
“Mi mujer siempre decía que cuando algo era irrepetible había que respirarlo, ella inspiraba recuerdos..”
Asique le he hecho caso.
He cerrado los ojos en la entrada de la casa y he inspirado.
He intentado captar todos y cada uno de los matices, de los olores, de las sensaciones que en ese mismo momento estaba sintiendo.
He respirado varias veces manteniendo la mayor cantidad de aire durante el mayor tiempo posible. He intentado grabar a fuego lento todas y cada una de las luces que ante mí había.
He visto el espectáculo más bonito que jamás había presenciado.
La pequeña casita de mi abuela está en la ladera de una montaña, la cual observa todo Ferrol (y mucho más)
Desde aquí puedo ver todas y cada una de las lucecitas que titilan por la noche. Rojas, naranjas y amarillas que se salpican por las calles, dado luz incluso en las zonas más oscuras que guardo en mi interior. Luces que titilan, se difuminan, se esconden y reaparecen, jugando al escondite, escapando de las miradas impertinentes, alejándose de todo aquel que no es digno de mirarlas y observarlas, ocultándose tras la neblina que muchos días lo cubre todo.
Las luces titilan, igual que las estrellas, que bailan con las nubes el vals más hermoso que se haya visto.
Algunos días las nubes son más que estrellas. Estas les dejan paso, ocultándose tras las gotas suspendidas en el aire y dejando que tomen posesión del cielo, declarando la batalla perdida, pero no el fin de la guerra que se libra día a día. Y entre las nubes, si tienes suerte, algún rayo se deja ver, recortando la silueta de grandes castillos de algodón que, sin saber cómo, se construyen en el cielo en cuestión de segundos. El mismo tiempo que tardan en desaparecer.
Si volvemos al suelo firme, con las luces titilantes y dejamos que el sol salga por el horizonte, da gracias al cielo, porque en ese preciso instante estarás viendo el espectáculo más bonito que jamás nada ni nadie podrá presenciar.

Verás a Galicia despertar.

Verás que pasa de un silencio absoluto, roto tal vez por pequeños quejidos , al ruido incesante, al murmullo de los coches, al rumor  de la lluvia, al sonido de las gotas de la barandilla cayendo sin ningún orden, al aullido del viento o al ladrido de los perros que guardan las pequeñas casas.

Presenciarás los capullos abrirse si es primavera, a las hojas caer, si estas en otoño, a los árboles pelados balancear sus ramas, si es en invierno o al sol, imponente y solitario en mitad del cielo, si es verano.
Las casitas desperdigadas por el campo, los colores acechando en cada esquina, la lluvia amenazando con caer en cualquier momento, la brisa acariciándote la piel, el granizo hiriéndote el cuerpo, el rumor de las gotas desordenadas…

El verde.
El cielo.
El monte con forma de pecho.
Llegarás y a penas podrás moverte.
Estarás intentando guardar todo entre las costillas, en esa masa sin forma que late apresuradamente, que sin ninguna razón, hoy se mueve de una forma diferente.

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Poesía entrópica