~Operación a corazón abierto~

Se ha enamorado. No hemos conseguido controlar la enfermedad y se ha extendido por todo el cuerpo del hombre, afectando principalmente a sus constantes vitales y al cerebro, el cual sufre un estrés que hará que pronto caiga en coma.
El paciente sufre de amor, una enfermedad que se extinguió hace mucho tiempo, aunque aún, en raros casos, reaparece en algunos corazones que laten a distintos compases por el mundo.
Cuando aún era un muchacho, sin apenas formación como adulto, conoció a otra persona enferma y, de alguna manera que aún no hemos logrado averiguar, lo contagió, llevándolo a la locura, a sitios insospechados, a sensaciones que nunca antes había sentido y sometiéndolo al dolor más profundo e insoportable.  
A lo largo del tiempo, el cuerpo de la otra persona fue luchando contra esta desagradable enfermedad, y los días limaron las últimas gotas de virus que habían quedado en su cuerpo.
Sin embargo, dejó a nuestro paciente abandonado y desvalido. Lo encontramos sentado en el sofá, ahogando las lágrimas en un vaso de licor, sofocado, llorando, agonizando y musitando el nombre de la joven que lo llevó a la locura.
Ahora lo tenemos a punto de entrar en el quirófano, con un corazón partido e infectado.
La operación comienza.
Desgarramos el tórax, sin anestesia ni medicación, a corazón abierto.
Está tan enfermo que no siente dolor y tan sólo es consciente de su abandono. Sigue musitando su nombre.
Contemplamos entonces la imagen más desgarradora que nadie jamás ha visto.
Un corazón negro y triste, sangrando tinta, llorando y estremeciéndose de dolor, latiendo por el simple hecho de mantener con vida a la persona que lo posee. Vida, si se puede llamar así.
Un corazón que parece un órgano aparte, una masa sin vida ni forma, algo que ya ni siente, ni late.
Empezamos despacito, con mucho cuidado pues es frágil y quebradizo.
Un  movimiento erróneo, un paso en falso y todo está perdido.
Con ayuda de finos bisturíes y un pulso firme, vamos quitando las partes enfermas y Cuidadosamente lo limpiamos, desprendiendo la parte enferma y quitando todo lo infectado.
Pasan las horas, lentas y eternas, y poco a poco conseguimos que eso que estaba entre las costillas se convierta en un órgano vivo de nuevo.
El paciente ahora está en periodo de recuperación, durmiendo en el ala de graves internos. Despacito, va consiguiendo aquello que había perdido.

La vida.

La sonrisa.

Y esa mirada lúcida y cuerda que antes era sustituida por un brillo de locura.

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Poesía entrópica