~El poder de tu música~

Le arrancaste a las cuerdas notas de melancolía que me llevaron hasta los mismos campos de la parte interior de Málaga.
Cerré los ojos, y por un momento me sentí bajo la sombra de un olivo. Vi el cielo azul manchado con pinceladas de un blanco desgastado, la hierba amarillenta y seca que lucía alta y se movía con los pequeños golpes de brisa que nos regalaba el viento de pleno junio.
Me vi a mi misma con un campo de trigo enfrente, con los guijarros a los lados y el sonido de los pájaros como fondo.
Pude aspirar el aire del campo andaluz, sentir los rayos de sol que jugaban con mis pies descalzos y conseguí acariciar los pequeños brotes de verde que crecían bajo la sombra del árbol, a salvo del calor del precipitado verano.
Oí las notas de tu guitarra justo a mi lado y entonces, giré la cabeza para verte sentado con las piernas cruzadas, con tus cuerdas entre los dedos y tus labios fruncidos mientras dabas música a la amenaza de mi sueño.
No pude dejar de observarte.
Tu imagen me asombraba.
Los matices de tu pelo cano, tu piel morena y tostada por el sol que yo misma había heredado, tus labios fruncidos que llamaban a las puertas de la concentración, los dedos de tus manos que se movían ágilmente buscando las notas exactas de la composición más hermosa que había escuchado.
Sonreí ante tu imagen bajo el olivo, ante tu figura recortada en el cielo azul, ante tí enfrente de mi tocando la sinfonía del alba.
No pude evitar quererte.
Abrí entonces los ojos y te vi con la misma expresión en el rostro, pero esta vez sentado en el sofá azul y con las paredes blancas como fondo.
Seguías tocando con la agilidad de un experto artista y tu mirada seguía fija en los acordes de la guitarra. Tus labios, que se parecían tanto a los míos, aún estaban fruncidos y las notas seguían llevándome a las mismas extensiones de Málaga, donde tú y yo, nos perdíamos entre los matorrales mediterráneos y el olor de los olivos.
Que poderosa tu música, ¿no?


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Poesía entrópica