~La literatura no ha muerto~

Eran dos chicos.
Ambos jóvenes, de unos diecinueve años.
Se paseaban por el mercadillo como si ese fuese precisamente el sitio al que pertenecían, como si los libros que había colocado en las mesas fuesen las historias que buscaban.
Me sorprendieron.
Me sorprendió el moreno. Un chico alto con una camiseta roja y unos vaqueros oscuros, que se paseaba por las mesas fijándose en los títulos de los lomos de los libros, con la cabeza agachada y la mente despierta, buscando algo que llamase su atención.
También me gustó el rubio. De unos diecinueve años, llevaba ya unas horas paseando entre las cajas. Tenía una camiseta blanca, el pelo despeinado y una barba descuidada que le daban un aspecto realmente atractivo.
Siempre me han gustado los hombres así. No sé como lo hacen, pero consiguen atraer miradas incluso con lo primero que se pongan.
No hablo del físico, si no de esa extraña capa de aire que les rodea, que les hace ser diferentes a los demás.
Me entusiasmó la idea de que los libros que tuviesen bajo el brazo fueran novelas y antologías poéticas. Me gustó más que paseasen su vista por los títulos en la sección de los clásicos y que buscasen en las cajas de 50 céntimos con una delicadeza innata en sus dedos.
Me gustó saber que aún quedan chicos como esos.
Me gustó notar la pasión por la literatura que manaban de sus labios, y las sonrisas que se formaban en sus rostros con cada nuevo descubrimiento literario.

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Poesía entrópica