~De vidas se trata~

- Celia, ¿Tú cuantos años tienes?
-Dieciséis- le dije.
-¿Y estás enamorada?

La miré preguntándole con la mirada a qué había venido eso. Las preguntas no se hacen por que sí. Todo tiene un motivo y ella guardaba algo detrás de aquellas palabras que no conseguía ver.

-No- respondí sin dudarlo- Pero si lo he estado.

Todas quedaron en silencio mirándome, y yo, para escapar de esos ojos que me observaban, busqué refugio en los azulejos de la pared. Recorrí en un momento los surcos que separaban las losas mi siguiente movimiento.

-Es una pena, por que la gente entra y sale de tu vida.- conseguí decir.
-Es cierto- me respondió con un tono amable y cariñoso- Es verdad que la gente se va y viene y que nada es eterno. ¿Pero sabes qué? Eso es lo bonito de la vida, que nada es eterno y que en cualquier momento puede irse de la misma manera que ha venido.

Y entonces tanto ella como yo quedamos calladas.
Otra mujer que se sentaba a su lado me miró y me dijo.

-Se ve que eres una niña muy sensible, y que cuando amas, te entregas de una manera muy especial.

Asentí a todas sus palabras. Un nudo, que no sé de donde vino, se amoldó en mi garganta. Pensé en él durante un segundo.

-Además,- siguió la primera mujer que me había preguntado- tienes una mirada muy profunda, y una cara muy dulce. Hacía tiempo que no veía a una niña tan bonita como tú. Se te ve en la mirada que has tenido otras vidas.

-Si, si -interrumpió mi madre- Además, con la poca edad que tiene, ha vivido muchas cosas.

-No, no- le respondió la mujer- no me refiero a ese tipo de vida. No te digo que no sea así, pero estoy segura que ella ha sido alguien en otro punto de la historia. Se le ve en la mirada, en la mirada profunda que tiene.

Y yo tuve que bajar la cabeza presa del miedo que mis propios ojos me producían.



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Poesía entrópica