~Suficiente~

Si ya es complicado describir los momentos del día a día, imagínate como es hacerlo cuando los sentimientos están por medio.
Y más si son sentimientos tan fuertes como el amor entre madre e hija.

Ella me decía que no sabía si quería ir. No tenía preparado ningún texto para leer y tampoco podíamos ir a la comida. No teníamos dinero.
Pero tuve que insistirle en que fuésemos, por que si no todos mis planes se verían arruinados. Mi sorpresa nunca surtiría efecto en ella, y yo jamás podría ver su cara en ese momento.
Cuando llegó la mañana, yo ya estaba nerviosa.
Tuve que guardar el papel sin que ella lo viese, y debía mantenerlo oculto para que no sospechase lo que había detrás.
Empezamos la mañana. Anduvimos bastante, nos paramos a la sombra y leímos textos que habían escrito hacia las mujeres, o que fueron creados por ellas mismas.
Mi madre estuvo deslumbrante en su lectura.
Puso tantos tonos distintos, tantas expresiones y tantas pronunciaciones diferentes que hizo de su texto un verdadero milagro.
Nos acercábamos al lugar en el que me tocaría leer a mi.
Sólo dos personas de allí lo sabíamos. El coordinador y yo misma.
Había tenido que mentir a algunas mujeres que me habían preguntado si iba a leer.
Cuando me llegó el turno pedí perdón por mis mentiras, pero sin ellas, la sorpresa no hubiese sido una verdadera sorpresa.
Y empecé a leer.
No me suelo poner nerviosa en absoluto cuando se trata de hablar en público, y mucho menos algo que me ha salido de dentro.
Pero aquello era distinto, y todas lo sabíamos.
Desde la primera línea, ya temblaba y titubeaba.
Veía el papel moverse entre mis dedos y notaba como las lágrimas se acumulaban en mis ojos y en mi garganta de una manera diferente. No eran de pena. Eran de no sé que cosa que me revolvió el estómago.
Tuve que tranquilizarme varias veces antes de seguir con las líneas dedicadas a ella. La miré durante un segundo en el que levanté la vista del papel, pero tuve que bajarla rápidamente para no romper a llorar.
Ella estaba cerca de mí, con la mano tapando su cara y con una especie de forma extraña en sus labios, esa que pone cuando está emocionada y llora. La poca piel que vi de sus pómulos, estaba ruborizada, y eso sólo le pasa con el llanto.
Justo antes de llegar a la última palabra, se me rompió la voz.
No sé si se escuchó la última línea, pero los sentimientos eran ya tan fuertes, y estaban tan escondidos y guardados que no me pude contener.
Miré a mi madre, ella me miró a mí, y las dos llorando, nos abrazamos.
Ajenas al mundo y a los aplausos que nos estaban regalando en ese mismo momento, nos fundimos en un abrazo. Uno de los mejores abrazos que he recibido en mi vida y de esos que sólo ella sabe dar.

Luego vinieron las felicitaciones, las anécdotas de alguna mujer que por allí estaba y que hizo un inciso de lo buena persona que se supone que soy.
Estaban casi todas llorando y eso, ese sentimiento que yo tenía dentro al ver lo que hacían mis palabras no me lo puede cambiar nadie por nada.
Pero sobre todo, esas lágrimas de felicidad que conseguí arrancar a mi madre fueron las que me hicieron feliz en esos segundos que duró su abrazo.
Sólo eso ya ha sido suficiente para todo lo que me queda de vida.

Comentarios

  1. Hija, me has hecho llorar de nuevo. Ha sido el regalo de vida más maravilloso del mundo. Sí, biológicamente, te di la vida, pero tú me la devuelves con creces a cada momento, con cada sonrisa, cada día que empieza y tengo la suerte de disfrutarte. Eres mi fuerza y mis ganas de vivir, junto a tu hermano. Eres GRANDE, hija, no lo olvides; y que nunca esa grandeza esté por encima de ti. TE AMO.

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  2. Narras un acontecimiento que estuvo lleno de emociones cargándolo de más emociones todavía. Increíble. Hasta a mí, que te leo desde la comodidad de mi silla has conseguido emocionarme.

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    1. La verdad, cualquier persona que hubiese estado allí habría notado la magia que nos envolvía.
      Es la clase de magia que no se escapa al ojo humano.

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Poesía entrópica