Caos y desastres.

Tú eras la obsesión de un beso apasionado
y la indecencia de unas manos demasiado ágiles.

Tú eras las ganas de hacerme romper cristales y arañarte la espalda,
todo al mismo tiempo.

Tú no eras París, ni Roma, ni Venecia.
Eras un mundo aparte construido una y otra vez sobre las mismas jodidas ruinas.

Tú eras verano en invierno, pero jamás fuiste primavera.

Tú acentuaste mi caos y descubriste mi desastre.
Te diste cuenta tarde que no tenía nada que darte.
El problema, era que ya te lo había dado todo.

Tú, maldito imbécil,
destrozaste el perfecto caos que había creado y yo,
el bonito desastre,
supe arreglarlo a tiempo.

Y menos mal.

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Poesía entrópica