Debilidades.

Lo quiera o no, siempre va a ser mi gran debilidad.
Es la clase de chico del que me puedo enamorar una y otra vez sin cansarme y sin poder hacer nada para evitarlo. Pueden pasar los años que sean, puedo crecer en centímetros y madurar en personalidad, pero aún así, al verle, seguiré sonriendo y me seguiré poniendo nerviosa.
Para ser sincera, fue mi único amor frustrado de verdad.
Fue ese chico con el que empiezas a saber qué es amar y con el que descubres todas las consecuencias de ese puto sentimiento.
Ese que llega nuevo al instituto, te coge desprevenida, te enredas más de lo esperabas y dura mucho más de lo que pensabas.
Puede que no hayáis vivido o sentido algo así, y no sé si alegrarme o entristecerme por vosotros. Es realmente odioso ser presa de una sonrisa durante más de tres años, pero también es bonito saber que por lo menos, hay cosas que no mueren. Pero si hacen daño.
Es mi gran debilidad y siempre va a serlo.

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Poesía entrópica