Lo más triste de la música.

Tocaba las notas más tristes de todo el parque.
Se colocaba en mitad de la plaza, alzaba el saxo y componía melodías con unas notas descolocadas, pero que salían de sus pulmones con la mayor fuerza del mundo.
Una pareja de jóvenes se abrazaba y bailaba al son de su música, recorriendo despacio todos los adoquines grises.
El cielo se había vestido de gala para asistir también al baile y llevaba un traje gris claro y traía como pareja a una brisa inocente que te enfriaba las manos en do minutos sin que te dieses cuenta.
Algunas sonrisas se cruzaban con las notas y entonces, estallaba la música.
En algunos pechos el silencio seguía siendo el rey hegemónico del territorio, y por más que el compositor experimental lo intentase, el frío se seguía adueñando de ellos.
Y todo era triste.
Al son del jazz, pero triste, al fin y al cabo.

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Poesía entrópica