Matemáticas, lengua y amor.

Quien haya inventado el amor, que venga aquí y me lo explique.

Las sumas, las restas y las divisiones de corazón no estaban en mis matemáticas, que quieres que te diga.
Tampoco he estudiado esas ecuaciones sin solución, ni estos problemas que tinenen tantos factores que acaban alterando el producto. Soy pésima en geometría y en los triángulos amorosos que se basan en el teorema de Pitágoras. Sin embargo, me encanta el algébra y me sé la regla principal de memoria: Si todo va bien, es que en algo te estás equivocando.

Y no sigamos hablando  de la lengua y ese juego que tenía con ella en el que yo, aún no sé por qué, siempre perdía.
Me ponían a analizar frases con su sujeto y predicado, con el verbo besar como núcleo y todos esos complementos y agentes que no encajaban en ningún sitio y siempre, siempre jodían.

Nadie ha conseguido explicarme ninguno de los puntos de este tema y como de costumbre, suspenderé el examen y tendré que recuperar la asignatura. Otra vez.

Asíque que me traigan aquí al que inventó toda esta mierda que llaman amor.
Que venga, que tenemos una conversación pendiente.

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Poesía entrópica