Ella.

Ella. Ella es ella. Es sólo ella. 
Es la chica de la que cualquiera se enamoraría. Es la chica de la que todo el mundo depende. Ella es la que me hace correr, la que me tapa los límites y la que ha convertido en realidad mi mayor utopía.

Esta chica de la que hablo no me entenderá nunca, por que no sabe lo que es tener a alguien como ella en la vida.
Ha conseguido sacarme de las peores situaciones que he vivido, y ni siquiera se ha dado cuenta.
Me ha enseñado más cosas de las que cree y lo estúpido de todo esto, es que sigue pensando que de las dos, yo soy la lista.

Ella lleva la sinceridad por bandera. Lleva la sonrisa puesta, una fuerza innata y una tragedia en la sangre que ni siquiera ella comprende. Es algo así como idiota e increíble al mismo tiempo. Es perfecta. 
Lo apuesta todo al todo o nada, sigue hasta que lo consigue y no entiende de falsas verdades ni mentiras a medias.

Menos mal que está conmigo y no la he dejado ir, aunque creo que todos sabemos que el mundo sería más bonito si ella estuviese por ahí, recorriéndolo. 
La historia sería completamente distinta. 
Neruda y Bécquer se habrían quedado en blanco si ella hubiese estado delante. 
Todos los barcos de la flota americana se habría hundido en cuestión de segundos y Estado Unidos no existiría.
¿Y el Big Ban? Eso no es nada. Ocho explosiones se habrían sucedido si ella se hubiese dignado a nacer en es mismo segundo.

Me voy a dejar de tonterías y os lo voy a soltar de golpe: 
Si ella falta, todos moriríamos sin saberlo.

Si ella falta el sol no se atrevería a amanecer cada día, ni la luna podría salir cada noche. 
Ni siquiera la lluvia nos mojaría la vida, por que si ella falta.... no quiero ni imaginármelo. 

Si falta, me faltaría la parte más importante, me faltaría mi otra mitad.
Me faltaría absolutamente todo.

Y si eso pasa, 

Sería el mayor desastre que nos sucedería en la vida. 
Sería el mayor desastre que podría pasar en mi vida





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Poesía entrópica