Desastre.

Mi palabra favorita, sin duda, es desastre.
Por los desastres naturales,
por los desastres que llevo dentro,
por el desastre que es mi vida
y por todos los desastres que he creado en vidas ajenas.

Mi palabra favorita, en tus labios, sigue siendo sin duda desastre. 
Por que a tu lado me vuelvo un desastre.
No sé comer como una señorita,
no sé hablar como una intelectual,
no sé andar como una modelo,
ni sé expresarme como una filóloga.
Podría excusarme diciendo que la culpa es tuya
(y en cierto modo, es verdad)
pero la culpa es mía, sólo mía, siempre mía.
Por quererte y ponerme nerviosa las 24 horas antes de verte.

Mi palabra favorita, en verso, continúa siendo desastre.
Por que la poesía acentúa los desastres,
mi desastre,
por que pone rima
estrofas
y versos
a la palabra desastre,
y por que hace que me inyecte en vena todas las consecuencias de mi desastre.

He dicho desastre 13 veces en la misma poesía (o lo que quiera que sea esto),
y creo que por eso
sigo siendo desastre.

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Poesía entrópica