Delirios de la Edad Media a las 2:05

Manda narices que yo esté aquí, 
hoy, 
precisamente hoy, 
pensándote a las 2:05 de la madrugada.

Manda narices que a mi me falten mis ocho horas diarias de sueño
y que tu ya vayas por el quinto escalón hacia la cuna, 
que sólo te falten las nanas
el osito de peluche
y esa mini manta que no te tapa ni el dedo meñique del pie derecho. 

Manda narices que me conviertas en una de esas que no dejan de pensarte, 
que no dejan de imaginar besando las costuras de tus labios, 
que se ponen tontas cuando hablan de ti
o contigo. 

Manda narices que me hayas convertido en una de esas que darían todo por un beso tuyo, 
en una de esas niñas repipis, 
insolentes
y maleducadas
que arriesgan la vida por un piti contigo
y que se merecen una bofetada
en plena cara
y con la mano abierta
por ser tan estúpidas.

Que putada que esté más cerca de ellas que de ser yo misma, 
que ya no toque las noches acostándome a las 10
y las mañanas despertándome a las 9.
"Madrugar es sano y bonito" decía, 
y ahora no hay mayor putada que despertarme antes de las 11 y media. 

Es una pena que ahora me guste salir de fiesta
que quiera apuntarme al gimnasio para lucir piernas
que me cuide la cara para gustarte, 
que juegue a ser princesa
cuando no llego ni a rana. 

Manda narices que te hayas coronado parte de la burguesía, 
que hayas asumido ser parte de la alta nobleza, 
y que yo me quede en el escalón de los campesinos
con las vacas
las ovejas
y ese olor a mierda y pan recién hecho de época. 

Manda cojones que tú duermas como los lirones
y que yo me quede hasta estas horas
pensándote, 
escribiéndote
o haciendo lo que hagan las campesinas de la Edad Media
cuando estaban enamoradas de los altos cargos de la corona. 

Por lo menos, me quedan las vacas.  

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Poesía entrópica