Él me volvía loca con su risa.

Yo me reía. Me reía como una loca. Él me volvía loca.
Me reía mucho y no podía dejar de reír.
Reía, sonreía y gritaba sin control, sin carteles que me avisasen de que me estaba descontrolando.
Me reía por que él me hacía reír, me reía de él y con él, me reía del mundo y de lo pobre que es la gente cuando no tiene a nadie que les haga reír.
Caminaba riéndome, le besaba riéndome y me enfadaba riéndome.
Por que estaba con él, y él me volvía loca. Él me vuelve loca de remate, como las brújulas que han perdido el sentido, como la poesía, como los poetas, como toda esa gente que se está enamorando.
Él me volvía loca con su risa.



Y a pesar de todo, ya tengo el poema preparado por si decide dejarme.

Comentarios

  1. Quizás no lo decida. Que bueno es que alguien nos haga reír.

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    1. Es precioso que te saquen la risa. Pero el miedo no se va.
      Estoy asustada como nunca antes lo he estado.

      Un beso.

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Poesía entrópica