Y qué formas.

Él es tan... tan él que da miedo.
Tiene la sinceridad en el trasfondo de los labios,
el cariño en cada huella dactilar
y restos de melancolía en las arrugas que se le forman al sonreír.

Porque él es así,
un melancólico que juega a ser caos.

Conozco sólo dos de sus sonrisas:
la primera,
cuando sonríe abiertamente enseñando todos los dientes de una mandíbula excepcional,
y la segunda,
tímida e insegura, que sólo aparece cuando me mira con esas formas.                                         Y qué formas.
No las conozco todas, pero estoy segura que tiene una para cada momento.

Porque él es así,
especial, único y exclusivo para cada segundo de la vida.

Ha aprendido a mirar al cielo.
Él dice que ha sido gracias a mí,
pero eso es por que aún no se ha visto por dentro.
Tiene el corazón gigante y lleno de vida,
tiene el pecho a punto de estallar
y tiene entre las costillas muchísimo amor que regala con grandes lazos de colores.

Regala su vida,
porque él es así,
generoso y estúpido al mismo tiempo.

Bueno,
la estúpida soy yo desde que sé la manera que tiene de mirar la vida,
y la forma que tiene de hacer fortuna con cada beso que da.

La estúpida soy yo por que no me atrevo                                                                              todavía
a darle la mano
y caminar.

No sé hacia dónde,
no sé cuando,
pero ojalá sea con él.

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Poesía entrópica