Sabe quién soy y siempre está sonriendo.

Paso desapercibida entre los ojos de la gente. Incluso a veces, ni mis amigos se dan cuenta de que estoy ahí. Qué voy a hacer, no soy chica huracán, chica increíble ni chica revolucionaria. Tenía que darme cuenta algún día. Prefiero quedarme callada y escuchar, mirar cómo habla la gente y andar con la cabeza agachada por los pasillos. Me he cruzado con algunas personas varias veces en el instituto y al conocerme después, ni siquiera sabían que estudiábamos en el mismo sitio. He mirado a los ojos de ciertas personas en ciertas ocasiones, y luego  me han preguntado quien soy. Mi mejor amiga tiene amigas que no han sabido de mi existencia hasta que me han conocido oficialmente, a pesar de que vamos juntas a casi todos los lados.
El problema no es ese, pasar desapercibida y mirar a los ojos sin que nadie te vea.
El problema viene cuando te acostumbras a eso y de repente alguien te saluda. Te llama por tu nombre y sabes que eres tú. Te giras y ahí está, regalándote una sonrisa alguien que no conocías de nada pero que sabe tu nombre.
Ese chico me saluda siempre que me ve. No me da dos besos ni me abraza, pero cada vez que me ve cruzar por delante de él levanta la cabeza y dice mi nombre. Y siempre está sonriendo.

El problema no es pasar desapercibida, el problema llega cuando alguien te saluda con una sonrisa sin pedir nada a cambio.
Y joder, el mundo y la sociedad se van a la mierda pero sigue habiendo gente que sonríe sin pedir nada a cambio.

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Poesía entrópica