Napoleón era gay.

Estoy alternando la vista entre el reloj de la cocina y el teclado del ordenador, como si le pudiese exprimir los segundos a los días. Entre que tengo poco tiempo y que las palabras hoy no tienen ganas de salir, esto es un desastre.
En mi habitación me están esperando Carlos IV y su hijo Fernando VII. Yo creo que Fernando está enamorado de mi, pero aún no se atreve a decirlo porque sabe que soy una chica demasiado moderna para él. Le vengo un poco grande. Napoleón también está de por medio y me ha parecido ver un brillo especial en su mirada cada vez que mira a Fernando. Sin embargo, como el heredero del trono español sabe que jamás va a poder conquistarme, se ha buscado una amante que le llena la cama por la noche y está intentando llenarle también el corazón. Se llama Maria Cristina y está embarazada de Isabel II. Se supone que la niña es la heredera, pero por ahí está mi marido, Carlos Maria Isidro, intentando convencer a su hermano Fernando VII para que le conceda el trono. 
El colmo de mi vida ha sido casarme con Carlos Maria Isidro, siendo yo republicana. 
Pero en fin, el amor y sus locuras.
La familia está pasando por un momento muy delicado, y me necesitan para que las tensiones no acaben con la monarquía del país. En las calles de la pobre España se huele ya la guerra. 





Después de todo esta historia, medio inventada medio real, España pasó por varias guerras carlistas, pronunciamientos, levantamientos, golpes de estados, bombardeos y otra guerra civil en 1936 que dio paso a una dictadura. 
Después de hundir a la población española y dejarla en la más absoluta miseria, el gobierno no nos ha sacado adelante. Ni el gobierno ni la monarquía española. 
Hemos sido nosotros, el pueblo español, los que sufrimos, los que gritamos y los que nos defendemos, quienes estamos cambiando las cosas. 
Todo es lento y paulatino, pero creo que vamos camino del éxito. 
O hemos aprendido de la historia y esta vez ganamos, o somos realmente gilipollas. 

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Poesía entrópica