Antes de dormir,
me gustaría escribirte,
que mañana te despiertes y leas estas palabras como mensaje de buenos días.

Te echo de menos,
muchísimo de menos mi amor.
Estoy deseando que esas dos semanas acaben para poder ser libre,
porque tú me das esa libertad que necesito entre las piernas.
No estoy hablando de sexo,
estoy hablando de abrazarte con mis rodillas cuando estemos tumbados en tu cama,
o en la mía,
mientras te acaricio el pecho y tú susurras que me echabas de menos.

Quiero recordarte que estoy aquí,
más distante,
más perdida entre papeles y decisiones,
pero aquí.
Quiero recordarte que siempre voy a estar aquí,
en las buenas, en las malas y en las peores.

Nadie me habló nunca de esto,
de la cantidad de amor que llevo dentro gracias a tus caricias,
de lo feliz que me siento cada vez que pasas tus dedos por mi piel y descubres la cartografía escondida de un cuerpo lleno de curvas.
Nadie me había comentado lo enamorada que podría llegar a estar de tus aristas,
de tu perfil recortado en la ventana de un tren
y de la forma que tienes de buscar mi boca cuando nos paramos en un semáforo en rojo.
Que todos los semáforos se ruboricen si me estás dando la mano.

Eres el amor de mi vida
y mi vida no puede dejar de pensar en el amor.

Estos días apenas hablamos,
ni nos miramos,
ni nos besamos como dos jóvenes que quieren ser 20 de Abril eternamente.
Estos días somos dos estudiantes concentrados en el futuro.

Por encima de todo quiero recordarte que estoy aquí,
que estaré aquí en todo momento,
aunque nos separen unas horas y algunos días eternos.

Nunca olvides lo que ya sabes,
lo que encierro en esas dos palabras todas la noches.

Nunca olvides que eres jodidamente impresionante,
y que doy gracias todos los días porque hayas decidido encajar en mi puzzle.

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Poesía entrópica