Hoy he hablado de ti y de tu pérdida.
Recordar es lo más duro de todo esto, te lo juro.
Nos hemos querido tanto que me parece imposible que mi vida ahora siga sin ti. No me has absorbido, me has envuelto en tus brazos y en tu vida de la manera más dulce y bonita posible. Me has hecho ser superviviente cuando estaba viviendo una guerra.

Hoy he hablado de ti y de aquella despedida, la más dura que jamás ha retumbado en mis costillas.
Casi no lloro, apenas lloro, enserio. Es algo impresionante, aunque creo que cuanto más tristes estamos menos pena conseguimos llorar. Creo que la gente más triste es aquella que no llora. Se lo guarda todo dentro y se marchita, poco a poco, pétalo a pétalo.

A veces sonrío y tú no has dejado de ser el motivo. Me convenzo día a día, hora a hora, que nos volveremos a encontrar. Jamás he sentido el amor tan fuerte, tan de lleno, tan cerca y tan doloroso; y no creo que eso que hemos vivido se pueda quedar en un amor de juventud. No creo que lo nuestro se haya acabado y me resisto a pensar que no volveré a escuchar un te quiero de tus labios. De esos labios que han pronunciado palabras hirientes, pero que no han dejado de besarme pidiendo perdón
.
A veces sonrío y tú no has dejado de ser el motivo, porque pienso que en un futuro nos volveremos a encontrar y seguiremos queriéndonos como nunca. Puede que encontremos otros corazones en nuestro camino pero ahí estaremos siempre, esperando el momento exacto. E incendiaremos el mundo otra vez.


Una amiga me ha contado hoy una historia preciosa: dos personas que se enamoraon y tuvieron que alejarse. Ella se fue a estudiar fuera y la distancia hacía imposible que siguiesen juntos. Después de cuatro años, cuatro jodidos años, ella volvió a aquel lugar donde había conocido el amor y se reencontraron, se re-conocieron y a pesar de haber querido a otras personas durante esos años, volvieron a quererse. Hoy en día están casados con una hija.
En esa historia nos veo a nosotros y ojalá, ojalá, no me equivoque.


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Poesía entrópica