La chica del jersey verde mira el mundo como si cada color fuese único.
Le gusta el frio cortante en las mejillas
pero no soporta que las gafas se le empañen cuando entra en los bares.

Odia la cerveza
aunque siempre ha pensado que beber cerveza y fumar es algo muy poético.
Tampoco fuma
pero le gustan los dibujos que hace el humo en el aire.

La chica del jersey verde se fija en el verde de los árboles,
en los ojos de la gente,
en los lunares
y en como alguien habla de las cosas que le apasionan.

A la chica del jersey verde le gustan las conversaciones profundas,
las personas con el cerebro lleno de ideas impronunciables,
y las galletas de chocolate.

La chica del jersey verde ha querido con locura,
pero ahora se deshace en tristeza cada vez que piensa en esa última vez que quiso con locura.
Sigue sin superarlo. E
El amor le ha marcado tanto que para ella todavía no ha acabado del todo.
Nada acaba del todo.

La chica del jersey verde solo sabe querer,
y eso de besar a alguien en una noche,
eso de buscar unos labios llenos de ganas en un bar lleno de gente,
nunca ha sido lo suyo.
Ella es de besar rápido y follar lento,
de querer poquito a poco
pero hacerlo muy fuerte.

La chica del jersey verde ahora está vacía,
pero se viste de verde porque no ha perdido la esperanza.

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Poesía entrópica